Estaba leyendo un posteo de Simon R sobre la relación entre la Ketamina y las nuevas derivaciones del Dubstep. Como siempre, acierta en eso de intentar una comprensión mas allá del fenómeno, poniendo en relación cosas que le caen perfectas : ketamina - disritmia- Zomby.
Lo que ocurre con estos juegos es que se llega fácilmente a la idea de que la única forma de disfrute de X tipo de música es estando bajo los efectos de X tipo de drogas.
Pero más todavía: es fomentar un mandato (estoy tentado de poner "superyoico" pero no quiero reducirlo al psicoanalisis), que está más en relación con la compulsión al consumo o la manipulación propagandística que con un deseo hedonista mas noble.
Imagínense que sólo se pudiera escuchar Wire a la velocidad de las anfetaminas, o King Tubby embotado de THC. Que poner Pink Flag un domingo a la mañana mientras se pasa el plumero sea considerado una forma "incompleta" de escuchar el disco.
Es como ir por la vida viviendo una oficialidad atroz: cada acto tiene que estar autorizado. Cada rincón debe ser aprobado por las reglas sociales que lo rigen.
Lo curioso de esto es que lo que en otra época podría haber sido "contracultura", hoy mantenga unas reglas igual de duras que las de los espacios más reaccionarios.
De un lado, llega el "en Creamfields están todos drogados". Del otro, "si no tomás éxtasis, ¿para qué vas a Creamfields?". Un discurso refuerza al otro y juntos sotienen la idea de que sólo se puede ser de una forma (y esa forma contiene el 99.99% de las veces el consumo detrás).
Me viene a la cabeza que fácilmente se sale de esto haciendo lo que a uno se le dé la gana. La pregunta es por qué, en un momento en que las circunstancias piden a gritos acciones en plan DIY (y nunca fué más facil hacer las cosas por uno mismo), las tendencias corren a buscar la legitimidad institucional?.

